Malinaltepec, su pasado histórico; Xkhua Ixe Ridí, Mañuŵiin

Malinaltepec ha sido un asentamiento importante desde la época prehispánica. En distintos momentos en su historia funcionó como centro de poder o como población sujeta a otras cabeceras. Los habitantes actuales de Malinaltepec descendienden de una sociedad multicultural que se desarrolló en las regiones de la Montaña y Costa Chica por más de dos mil años, que además interactuó con otras regiones y culturas.

Para tener un panorama sobre el pasado histórico de Malinaltepec, se presentarán varias cápsulas en este mismo espacio.

El nombre de Malinaltepec

Malinaltepec es una palabra náhuatl que significa “En el Cerro del Zacate Torcido”, o “En donde están las Yerbas Torcidas”. Su representación en los códices pintados por tlacuilos mexicas era un cerro y un cráneo humano con cabellos de yerbas torcidas con espigas, conocidas como “zacate del carbonero”.

El nombre antiguo de Malinaltepec en tlapaneco o me’phaa se decía «Xkhua Ixe Ridí», “Llano de Flor de Corazón”; ahora es «Mañuŵiin», “Lugar donde está ubicado el Río”. A pesar de que Malinaltepec y muchos asentamientos fueron tlapanecos o me’phaa, sus lugares más importantes eran conocidos con nombres en náhuatl desde la época mexica.

Los tlapanecos se llaman «me’phaa» “tlapaneco”, o «xabo me’phaa», “gente tlapaneca”. «Me'phaa» deriva de la palabra «mbo a phaa», "el que es habitante de Tlapa". Desde 1985, el magisterio bilingüe, junto con las comunidades, empezaron un proceso de reivindicación de su lengua y su grupo, que promueve el desconocimiento de la palabra "tlapaneco". Con esta última palabra, los mexicas en el siglo XVI se referían a todos los habitantes que dependían de la cabecera principal, Tlapa. Esta idea la retomaron los españoles y los frailes agustinos cuando llegaron a evangelizar la región, donde encontraron al menos tres grandes grupos indígenas a quienes llamarían tlapanecos, mixtecos y “mexicanos” o nahuas.

Elizabeth Jiménez García, Proyecto “Los altepeme de la región guerrerense de La Montaña y las élites gobernantes (siglos XIV-XVIII)”, Centro INAH Guerrero, 9 julio 2020.

 

 

 

Sus pobladores en época prehispánica

En la Montaña se han registrado objetos arqueológicos de culturas como la teotihuacana, tolteca, mexica y otras más antiguas, como la olmeca y la tlapaneca que son más difíciles de rastrear por su complejidad y pasado remoto. El cotejo de datos entre vestigios arqueológicos, registros lingüísticos, imágenes en códices, e información de distintas disciplinas sociales, permite conocer que entre los años 5000 y 3400 antes de Cristo (a.C.), el tronco lingüístico proto-otomangue comenzó a diversificarse, y alrededor del año 1500 a.C., se encontraba ya dividido en nueve familias otomangues, incluyendo a mixtecos, zapotecos, amuzgos y tlapanecos, cuyos hablantes se encontraban distribuidos en el sector este del actual estado de Guerrero. Los llamados yopes que vivieron en Acapulco y Costa Chica, debieron formar parte de la familia lingüística Tlapaneca.

Varios vestigios arqueológicos encontrados en la región de la Montaña muestran que sus habitantes sostuvieron relaciones comerciales, políticas y culturales con poblaciones del Centro de México, entre los que se encuentran braseros con diseños teotihuacanos y esculturas de serpiente emplumada que se remontan a un largo periodo de interacción cultural, entre los años 200 y 1200 después de Cristo (d.C.). Son objetos sagrados que formaban parte de edificios y espacios utilizados por las élites gobernantes locales. Ya fuera por el prestigio sagrado, por el poderío bélico o por el dominio económico que llegaron a tener Teotihuacan, Xochicalco y Tula sobre muchas áreas de Mesoamérica, en la Montaña y Costa Chica se reprodujeron conceptos religiosos y deidades que tuvieron un profundo impacto ideológico. Estas deidades serían nombradas por los mexicas como Tláloc y Quetzalcóatl.

Elizabeth Jiménez García, Proyecto “Los altepeme de la región guerrerense de La Montaña y las élites gobernantes (siglos XIV-XVIII)”, Centro INAH Guerrero, 9 julio 2020.