La intimidad presidencial vs. el derecho a saber de los mexicanos

La reciente crisis de salud del presidente López Obrador no sólo se manejó mal desde el principio, sino que además el presidente terminó regañando a los medios y acusando públicamente una “invasión a su intimidad” ante el seguimiento mediático que ocasionó la exigencia ciudadana de conocer con toda claridad cuál es el estado del salud del gobernante de la república y por qué tuvo que ser internado e intervenido de emergencia con un procedimiento cardiaco delicado y de urgencia como es el cateterismo.

Es decir, que no sólo no nos dicen toda la verdad de este episodio cardiaco que tuvo el presidente, sino que además cuando los medios pretenden saber y observar al presidente cuando se ejercita, se cuestiona a los fotorreporteros que, en aras de hacer su trabajo e informar a la sociedad, son acusados de violentar la intimidad presidencial, cuestionando así cualquier derecho a la información de los mexicanos.

Y es que fuentes médicas y militares, que han estado cerca del estado de salud y de la condición cardiaca del presidente, aseguran a esta columna que el episodio del pasado 21 de enero, cuando fue internado de emergencia no fue para nada un “chequeo de rutina” como mentirosamente se dijo desde la Presidencia, ni el cateterismo que le realizaron fue totalmente inocuo, como afirmó el secretario de Gobernación. El presidente ya había venido presentando antes de ese día subidas fuertes de presión y malestares relacionados con su condición cardiaca que en varias ocasiones lo hicieron sentirse mal y provocaron alarmas en sus médicos.

Ese viernes, mientras estaba en su despacho, el presidente se desvaneció en su escritorio y eso provocó el traslado al Hospital Central Militar, donde los cardiólogos del Ejército lo recibieron con un diagnóstico de infarto, lo que provocó que lo programaran de inmediato para un cateterismo de emergencia. En el cateterismo se encontró una arteria afectada y se tomó la decisión de colocarle a López Obrador un segundo stent o anillo, que se sumó al que ya tenía.

Esa versión que corroboran al menos dos médicos vinculados al caso, tiene mucho más sentido con la que difundió.

A partir del lunes 25 los reporteros vieron al mandatario salir de Palacio Nacional para practicar beisbol. Pero como esta vez el mandatario, contra su costumbre, no subió un video a sus redes para presumir que estaba “macaneando”, los periodistas comenzaron a seguirlo y lo vieron “caminando despacio” en el deportivo, dando vueltas a una pista a paso lento, pero no corriendo ni “macaneando”.

López Obrador se quejó de que los medios no respetaban su intimidad. ¿Por qué a AMLO le gusta que lo vean “macaneando” en los videos que comparte y por qué ahora le molesta que se le vea andando pausado?

Porque este gobierno sigue creyendo que no se debe informar de cualquier afección o procedimiento de emergencia que requiera el titular del Poder Ejecutivo, porque es una “señal de debilidad” no permitida para el mandatario.

Ocultar información o manipular datos sobre el estado de salud del presidente atenta contra el derecho a la información, y confirma los estilos autoritarios de ejercer el poder, pero termina volviéndose contraproducente para el presidente y su gobierno. Porque la desinformación o la manipulación de temas como la salud presidencial, terminan generando todo tipo de rumores, versiones y suspicacias, máxime cuando se intenta esconder la simple y llana verdad.

Por Salvador Garcia Soto